Facebook

     SiteLock

Última hora
El derecho a la rebelión - Lunes, 22 Enero 2018 02:31
El tirano Maduro tiene que salir - Lunes, 22 Enero 2018 02:25
¿Quién hereda, quien responde? - Lunes, 22 Enero 2018 02:23
¿Hacia las últimas elecciones libres? - Lunes, 22 Enero 2018 02:23
¿Nuevo mapa político? - Lunes, 22 Enero 2018 02:19

Alberto Velásquez Martínez                                     

Ya por fin se terminó el difícil año económico del 2017. Todo parece indicar que la economía no crecerá por encima del 1.8 % en el mejor de los casos. Tan negros presagios los comparten el Banco de la República y organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Cepal.

Este Gobierno fue excesivamente alcahueta con el gasto público. Derrochó recursos en comprar adhesiones para sus aventuras políticas. Malgastó dineros para lograr mayorías parlamentarias y así obtener todo lo que quiso siguiendo sus caprichos electoreros. Creció la nómina burocrática, con el nombramiento de asesores y asesores de los asesores. Cada compadre suyo tenía ahijados en la nómina. Nóminas frondosas y paralelas en entidades disfrazadas de acrónimos que nadie sabe para qué sirven y con qué se comen.

Lo primero que debe abordar el próximo gobierno, así inicie sus labores pasada la mitad del año, es el recorte del gasto público. Aplicarle una cirugía a corazón abierto. Es una de las maneras más indispensables para aliviar la carga de la deuda pública que ya desvencija las finanzas nacionales. Ha sido tal la irresponsabilidad fiscal del actual régimen, que triplicó la deuda en ocho años. Su solo servicio se tasa para el 2018 en 53 billones de pesos, lo equivalente a diez reformas tributarias.

Racionalizar el gasto público es una tarea inaplazable. Por el malgasto, el déficit fiscal ha crecido en los últimos diez años en proporciones alarmantes. Si en el 2006 era de 15 billones de pesos, hoy se calcula que bordea los 40 billones. Y correlativamente, por el efecto que este tiene sobre la deuda pública, sumada la externa e interna, que en aquel 2006 era de 125 billones de pesos, hoy suman 481 billones, lo que significa un 54 % del PIB. Es algo que preocupa y llama a la reflexión y al examen riguroso sobre el futuro inmediato de las finanzas nacionales.

La disculpa para justificar este arrugamiento de la situación fiscal es la caída del petróleo. Pero como lo demostró el economista Sergio Calderón, entre el 2005 y el 2006 con bajo déficit fiscal y manejable deuda pública, el precio del petróleo era de los 60 dólares, precio igual al de hoy. Y con esos valores la economía crecía al ritmo del 6%, en tanto ahora se calcula que no pasará del 1.8 %. Ahí queda en evidencia el mal manejo que se le ha dado en los últimos años a la economía colombiana.

En esta lista faltan asuntos de impostergable definición como son los problemas de la salud, la reforma pensional y la inequidad social, cuya deplorable posición afea nuestra cara ante la región y el mundo. El Gobierno, por mirar siempre hacia La Habana, nunca dirigió sus ojos a contemplar estas llagas que están a punto de infectarse.

El país reclama un gran Acuerdo Nacional sobre los temas fundamentales que deben enfrentarse. Un frente sólido de sus fuerzas políticas, gremiales, sociales, fuerzas vivas que cojan el toro por los cuernos. Y esto lo tiene que hacer un gobierno progresista, con sensibilidad social que cicatrice todas estas polarizaciones que dejará el actual mandato.

El Colombiano, Medellín, 10 de enero de 2018

Publicado en Otras opiniones

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes