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Carlos Alberto Ramírez C.                                      

¡Entre la arrobadora mirada de Fajardo y la fundamentalista de Ordóñez!

La política es una de las pasiones más virulentas, sórdidas y oscuras que existen; conmueve los cimientos de la amistad y la fraternidad; la envidia, la traición,  los celos y la ambición empiezan a someter el corazón y la razón; el ego, la soberbia, la arrogancia y prepotencia, encabezan la procesión. 

Alucinados, los candidatos, ya no caminan,  levitan;  frágiles y pobres mortales, casi que divinizados y objeto de adoración por sus seguidores, adeptos, lisonjeros, despersonalizados y sahumeriadores, dan rienda a consignas vocingleras, inflamables o peyorativas, fogonazos, y saliva envenenada; despiadadas piezas de oratoria salen  como proyectiles o saetas  de sus bocas, o  dulces, melifluas y almibaradas frases;  acompañadas de miradas y gestos suplicantes, seráficos y tiernos, o enérgicos y airados, que nos conmueven en nuestras más íntimas fibras; cada gremio, público, clase social, o asociación, debe oír un mensaje diferente, cargado de fábulas, promesas e imposibles, o de odio y vindicta según el caso.

Se necesitan más que idílicas y tiernas miradas; o fieras, agresivas, e imponentes, para que el elector primario, pensante y racional accione.

Nos movemos trémulos e indecisos entre la hoguera fundamentalista de Ordóñez y su anatema, o entre el libertarismo permisivo y alcahuete de Fajardo, que oxigena a los comunistas y a las  izquierdas ateas. A propósito del tema, no hay nada malo en ser ateo, quien cree que por ser ateo se hace más inteligente e interesante, es como quien cree que por ser religioso, ya es bueno. Debemos alejarnos de crear una peligrosa cruzada político-religiosa, una escisión entre buenos y malos; conozco ateos más santos y virtuosos que hipócritas fariseos o levitas.

¡No al puritanismo religioso, y no al libertarismo permisivo! ¡No a un personaje como Timochenko, como ministro de Defensa o Educación, y no al empalamiento de un miembro de la comunidad LGTB!

¿Cómo afectan aquí las malas compañías? ¡Serán definitivas! Siendo Sergio Fajardo, un candidato relativamente fresco, que despierta simpatía por su proyecto político-pedagógico (Revolución Serena) y su aparente distancia de la clase política corrupta y tradicional, será utilizado como formidable ariete por la izquierda, partido comunista y las FARC, quien lo apoyará diabólicamente, por obvios propósitos; a la postre, ellos le harán perder las elecciones.

Alejandro Ordóñez, representa la clase política tradicional, desgastada, inescrupulosa, oligárquica e insensible, igualmente un producto muy difícil de vender, además será sacado de la baraja,  como candidato oficial y legítimo de ese bloque de poder.

Una cosa si tengo clara, como lo decía Edmundo Burke, “Cuando se tiene derecho a todo se carece de todo”, empalagosos y dulcetes derechos, disfrazados de civilidad, han socado la estructura familiar, debilitando sus cimientos y bases; permisividad, convertida en libertinaje y disolución. Una sociedad que así se levanta, es de costumbres relajadas, laxa, ambivalente,  no respetuosa de la ley y  de la autoridad, sacamos a Dios a empellones, a estrujones  de la cotidianidad y las aulas de clase por complacer a las minorías agnósticas, haciéndonos más temerarios, irreverentes y desafiantes en todos los órdenes.

Igualmente hay que contener la avanzada comunista y la infame entrega de la Patria a las Hordas “Farianas” por parte del alucinado y perverso presidente,  Juan Manuel Santos,  el Vidkun Quisling, Colombiano, esta, ideología disfrazada de igualdad y bienestar común, es en realidad  una filosofía de la miseria y la esclavitud. En ese sentido, algunos candidatos si  se identifican conmigo.

Publicado en Columnistas Nacionales

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