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Alfonso Monsalve Solórzano                                         

Eduardo Rabossi, gran filósofo argentino fallecido en el 2005, fue miembro de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de ese país, creada por el presidente Alfonsín. Poco antes de morir, en una conversación privada que sostuvimos aquí en Medellín, admitió que el mayor error que ésta tuvo fue la de investigar sólo los crímenes cometidos por los militares durante la dictadura y no ocuparse por los efectuados por los guerrilleros. Tergiversó la realidad al ocultar las responsabilidades de los criminales de izquierda y con eso, proyectó hacia el futuro una falsa imagen que determinó y determinará por mucho tiempo, el curso de la historia reciente de su país, concluyó.

La Comisión de la Verdad creada por las Farc y Santos la hará lo mismo que su antecedente argentino, pero peor, lavará la cara de las organizaciones de los peores delincuentes de lesa humanidad del continente y convertirá en verdad oficial las peores invenciones contra nuestras Fuerzas Armadas, el Estado y los civiles que fueron víctimas de la guerrilla.

Todo esto es una trampa mortal, comenzando porque los miembros del Comité de Escogencia son los mismos que eligieron a los “magistrados” de la Jep. Y la composición de la Comisión, garantiza su sesgo irremediable: en su gran mayoría, son activistas de izquierda vinculados a organizaciones que, a nombre de las víctimas, se han dedicado a hostigar al Estado, en diversos escenarios jurídicos, académicos y políticos. Uno ellos, incluso, es español, de esos que, con Enrique Santiago, asesor jurídico de las Farc, llegan a “hacer las Américas”, desde las tenebrosas ONG vinculadas a la izquierda española, entre ellas, las de los independentistas vascos y catalanes de esa tendencia, que vienen a llevar a cabo aquí lo que no les permiten hacer allá: la revolución marxista.

No hay peor mentira que aquella que se vende como una verdad por razones ideológicas (y en Colombia, hasta comerciales, dado que la extrema izquierda terrorista es gran empresaria del narcotráfico). A esa “verdad”, hoy se la llama posverdad, un relato amañado a los intereses inconfesables de un grupo, para deconstruir la verdad histórica. Es falso que en el centro de esa Comisión están las víctimas y la verdad, para garantizar la no repetición.  En esa Comisión no hay representación de las víctimas de las Farc y las otras guerrillas, que son la mayoría. No hay, por ejemplo, un representante del Comité encabezado por Herbyn Hoyos y la senadora Sofía Gaviria. ¿Qué verdad puede haber ahí?

En el país hay una perversa apropiación de la representación de las víctimas. Desde siempre, la extrema izquierda ha trabajado este sensible e importante campo -el más importante de todos, habida cuenta de que se trata de proteger a los ciudadanos y reparar a quienes han sido golpeados por un conflicto-  apoderándose de la “defensa” de los derechos humanos. Son expertos en crear comités y autocalificarse como “defensores de los derechos humanos” para cercar al Estado en una guerra jurídica que éste está perdiendo, mucho más hoy, que cuenta con la acción de Santos para vencerlo desde adentro; pero también, especialistas en lucrarse con los dineros que el Estado debe pagar como consecuencia de demandas a nombre de las “víctimas” de falsas violaciones, como ya se está evidenciando. ¿Y qué verdad pude haber si la más connotada de esas organizaciones, el Colectivo de marras, tiene al menos dos representantes en la Comisión?

Y, ¿de cual verdad hablamos si un representante de la academia, Alfredo Molano es un reconocido militante de izquierda, famoso por sus libros en los que se hace el panegírico de las andanzas de las Farc? Nadie es neutral en política, pero Molano es un militante reconocido del que nadie puede esperar sindéresis. Porque, aunque un intelectual tenga su visión del mundo, no puede ésta ser tan fundamentalista que le impida ver la verdad, es decir, la correspondencia de lo que se dice con lo que es. ¿Por qué, me pregunto, no se eligió en esa comisión a un intelectual que tenga respeto por los hechos? ¿Por qué no hay un intelectual que no sea de la rosca de las Farc?

Y ¿qué tal el presbítero jesuita Francisco de Roux, que con su suave hablar y cara bondadosa ha transitado por la vida, no defendiendo a las víctimas todas, sino morigerando los crímenes de lesa humanidad de la guerrilla? En la lógica de estas dos personas hay víctimas malas, las que han sido depredadas por las organizaciones de extrema izquierda. Y ¿cuál será la verdad de la señora que claramente es representante de las Farc? ¿O del individuo que ha hablado por Eta ante las víctimas de esa organización terrorista en España?

Como se puede ver, hay una manipulación atroz que pretende cambiar el peso de las responsabilidades sobre los crímenes de lesa humanidad en el país. Sólo habrá un responsable, el estado, a quien le achacarán, además los delitos de los paramilitares. Contra toda evidencia, las Farc y las otras narcoguerrillas resultarán siendo víctimas. Esa será la versión que recibirán nuestros hijos y nietos. En una generación, los malos serán los colombianos que resisten pacíficamente al comunismo. Hay que recomponer todos esto.

Publicado en Columnistas Nacionales

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