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Alberto López Núñez                                        

Es indudable que Colombia se encuentra en una de sus peores crisis. Crisis generalizada, pues no hay un sector, sea este el institucional, económico, político, social, cultural, etcétera, en el que no se viva un estado de declive, crispación e incertidumbre. Lógicamente toda crisis tiene causas multifactoriales, pero la actual crisis colombiana tiene un denominador común: el retroceso en todos los órdenes causado por el abandono de la política de Seguridad Democrática y el empeño de Juan Manuel Santos de entregarle el país a los narcoterroristas y criminales de lesa humanidad de las Farc, y pronto también al ELN y a los socios de estos en el narcotráfico, denominados bacrim.

El país en este siglo ha dado un giro de 360 grados, pasó de ser calificado un Estado fallido y estar casi en manos de los narcoterroristas, a una extraordinaria recuperación en lo político, social y económico gracias al mejor Presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, para estar ahora cogobernada por esos mismos terroristas, y en quizás la peor crisis política, social y económica, gracias al peor Presidente colombiano, Juan Manuel Santos. Pasamos de Estado fallido, a una democracia ejemplar, a un narco Estado, en solo 15 años. Ni Gabo, hubiese logrado pintar una situación tan de trágico realismo mágico, como esa involución del país, en tan sólo 2 décadas.

Ni en el infierno, donde con toda seguridad está el más grande genocida latinoamericano Fidel Castro, podrá creer este sátrapa que se haya logrado su sueño: el que Colombia esté a un paso de caer en las garras del comunismo cubano. Desde los 60 Fidel propulsó la creación de guerrillas asesinas con el objeto de instaurar la dictadura del proletariado en este país. En parte por la indulgencia de las elites hacia las Farc (en 4 décadas solamente Uribe las enfrentó frontalmente, todos los otros gobiernos se dejaron engatusar por las “causas del conflicto” o por el embrujador discurso de la “paz”), y en parte por el soporte dado por el narcotráfico, Colombia perduró con la lucha guerrillera contra la democracia, mientras que el resto del continente había derrotado hace décadas la insurrección comunista.

Ante la debacle del comunismo, Fidel y Lula se inventaron el Foro de Sao Paulo, con su estrategia de implantación de regímenes neostalinistas, con el eufemismo de Socialismo del Siglo XXI, por la vía electoral. La cartilla del Foro dictaba una sagaz estrategia que tenía como sus pasos fundamentales los siguientes: creación de un espíritu de decepción respecto a la democracia (la verdad es que esto es fácil pues los gobernantes demócratas han colaborado bastante con sus pésimas gestiones), implantación de la antipolítica, creación de un candidato outsider, triunfo de éste por el clima de decepción creado, en el cual colaboran los principales castigados por el nuevo régimen, empresarios, comunicadores, intelectuales; convocatoria a una Constituyente, fraude electoral para tener el control absoluto de ésta, aniquilación de las instituciones democráticas, instauración de la dictadura. Este proceso se llevó a cabo en primer lugar en Venezuela y con el apoyo financiero de Chávez y la inteligencia cubana; el Foro de Sao Paulo pasó a ser dominante en el continente, sea con las dictaduras del ALBA, sea con regímenes, no dictatoriales pero afines. Pero este proceso significó una lucha electoral, un triunfo electoral válido y luego una guerra a las instituciones democráticas.

Pero en Colombia el SSXXI está logrando lo que quizás ni el propio sátrapa Fidel se imaginó: llegar al poder, sin siquiera luchar electoralmente, tomar el poder no por una estrategia, sino por regalo del supuesto enemigo, dictar una Constitución, no por la vía de una Constituyente, sino por un magnánimo acuerdo donde el Presidente concede la entrega del país al jefe de la insurrección comunista, sin nada a cambio. La destrucción de las instituciones democráticas, no se logró por artilugios contra el sistema por parte de los comunistas, sino que los propios parlamentarios y magistrados de las Cortes, instauraron por unos cuantos dólares la entrega de  esas instituciones a la dictadura, en fin, no se necesitó la estrategia de destrucción del tejido social y económico que el comunismo instaura para asegurarse su permanencia en el poder, pues el propio gobierno ha creado una crisis de tal magnitud, que esa estrategia no es necesaria.

En conclusión, tenemos una Colombia descuadernada, no se sabe si por ideología, interés económico, sueños de grandeza o simple petulancia Juan Manuel Santos, le entregó el país a los narcoterroristas y criminales de lesa humanidad de las Farc, y está en camino de rematar la entrega concediéndole las mismas prerrogativas al ELN y bacrim. La coronación de ese proceso supone ser las elecciones del 2018, ya dejaron ver la estrategia: engaño del pueblo presentando la candidatura propia de las Farc como señuelo, mientras todos los recursos políticos, de influencia, económicos y armados del Farcsantismo irán a impulsar la verdadera candidatura del SSXXI; en un principio se la jugarán a presentarse divididos entre De la Calle, Petro, Fajardo, pero a la final se reagruparán alrededor del que obtenga más apoyo. Una vez colocado esa marioneta en la Casa de Nariño, las Farc pasarán a gobernar directamente ahí sí, copiando el sistema del SSXXI venezolano.

Es por ello que las próximas elecciones son vitales para el país, en ellas se decidirá si el país queda descuadernado y sucumbe al SSXXI, o si se le da una parada al farcsantismo y se asegura la reinstauración de la democracia en Colombia. A diferencia de Venezuela, las perspectivas acá son positivas, en primer lugar porque el pueblo colombiano demostró en el plebiscito ser más maduro incluso que su liderazgo, al espontáneamente darle un radical no a las pretensiones del farcsantismo, y en segundo lugar porque ante ese inesperado triunfo de la democracia, se ha conformado un liderazgo plural, encabezado por los Expresidentes Uribe y Pastrana, y conformado por el CD, los líderes de las bases conservadoras Ordoñez y Ramírez, representantes de las Iglesias y la Sociedad civil,  y pareciera que se incorporará a esta coalición Vargas Lleras. Colombia pues dará una gran lección democrática, al no permitir la consolidación de la dictadura que el Farcsantismo está implantando desde que desconoció el resultado del plebiscito, eligiendo un gobierno que no aceptará la perduración del acuerdo Santos-Timochenko, con el cual se entrega el país al narcoterrorismo y en fin, se iniciará un proceso de encuadernar el país, tal como lo hizo Uribe, que transformó un Estado fallido en un país pujante. Sólo falta la unidad del liderazgo del NO y una estrategia inteligente contra el fraude del farcsantismo, creo que no es mucho pedir, por eso soy optimista.

Publicado en Columnistas Nacionales

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