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Eduardo Mackenzie                                          

“Sigan su camino, aquí no hay nada que ver”, parece ser el mensaje que envía a la opinión el gobierno de Santos.  Lo de la fuga momentánea de Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, alias “el paisa”,  jefe de la tenebrosa “columna Teófilo Forero” de las Farc, no fue nada, dice. Dejen de molestar, señores. La prensa sometida obedeció: al día siguiente, la noticia había desaparecido de los diarios.

No se sabe qué es más grave: que el equipo de Santos sepa donde estuvo “el paisa” y qué hizo y oculte esa información a la ciudadanía, o que no sepa dónde estaba ese tremendo bandido, por qué se escapó y cómo regresó, si es que regresó, al campamento de Miravalle (Caquetá) de donde huyó unos días y tenga, en consecuencia,  que contentarse con las vagas explicaciones que dieron las Farc sobre esa misteriosa desaparición.

Pues quien anunció que “el paisa” había regresado a su reducto fue alias Iván Márquez, quien hasta envió una foto del brevemente desaparecido y otras eminencias. Y ante eso,  Carlos Córdoba, un funcionario de la oficina del Comisionado para la Paz, dejó saber que se ceñía a lo que decía el jefe guerrillero: “Lo que tengo entendido es que no se ha ido de Miravalle”. Córdoba, quien debería saber, no sabe. Solo “tiene entendido”. En esas condiciones trató de hacer creer que “el paisa” había estado en una finca cercana. ¿Admirando las mariposas? ¿Haciendo negocios? Iván Márquez, quien nunca dijo una mentira en su vida, aseguró que su protegido se había escapado para ir a “construir un sendero ecológico”.  Pero en otro momento afirmó que Darío Velásquez  se había ocultado por las “amenazas de bandas criminales que están llegando a esta zona”. ¿Entonces qué? ¿Alguien iba a matar al “paisa”?  ¿O éste se ausentó para ir a construir un camino?

Es inquietante que la prensa tampoco parezca interesada en verificar los hechos de ese obscuro episodio: ¿Velásquez huyó del lugar solo o acompañado? Algunos dicen que el hombre salió protegido por “90 exguerrilleros”. ¿Es eso cierto? ¿Cuántos de esos guerrilleros regresaron al campamento? ¿Qué razones tuvo para salir de ese lugar de manera tan súbita? ¿Qué son, concretamente, los “riesgos de seguridad” que invocó alias Timochenko para justificar la escabullida del tenebroso asesino, convertido ahora por él en “militante de la paz”?

“El paisa” no tiene pocos enemigos. Comenzó su carrera criminal como sicario de Pablo Escobar. Tras un periodo de cárcel le pidió militancia al “Mono Jojoy”. Orientado por éste, Velásquez participó en asaltos sangrientos contra poblados aislados. Los más conocidos son los del Billar (Caquetá) y Miraflores (Guaviare). También planeó asesinatos individuales, atentados de masa y secuestros de militares y civiles.

Hasta el momento de redactar esta nota, el gobierno y las Farc no habían logrado acordar sus violines. Lo único que han revelado es que el jefe de la “columna Teófilo Forero” salió este 26 de octubre de la zona de Miravalle y que el alcalde de San Vicente del Caguán, quien ahora trata de eclipsar el hecho, fue quien descubrió la huida y la denunció. La prensa habló de una reunión, el sábado,  de Carlos Córdoba con Iván Márquez y Jesús Santrich. No se sabe qué explicaciones ofrecieron esos dos individuos sobre las andanzas de Velásquez.

Este episodio muestra el grado de sumisión en que se encuentra el gobierno de Santos ante las modalidades de la prematura “implementación de los acuerdos”. Algunos observadores creen que esto se debe al gran desorden del gobierno. ¿Ese “desorden” no oculta otra cosa? ¿No estamos, más bien, ante una política deliberada para permitirle a las Farc obrar a su antojo? La oficina del comisionado de paz prácticamente dijo que la huida del “paisa” era algo muy normal pues los integrantes de las Farc pueden salir de esas zonas cuando se les da la gana. Sin embargo, el gobierno había dicho que esas “zonas” que ahora llaman “de capacitación”, y que se supone son vigiladas por la Policía y el Ejercito,  habían sido diseñadas para “facilitar el proceso de desarme y el inicio de la reincorporación” de los guerrilleros a la vida civil.

¿La desaparición de los jefes de las Farc que están en esos campamentos hace parte de la “capacitación”? ¿Capacitación en qué? Si alguien como el instigador del atentado contra el Club El Nogal de Bogotá puede escamotear la vigilancia de la fuerza pública por dos o más días quiere decir que ese dispositivo está perforado y nadie puede estar tranquilo en Colombia, por más de que el gobierno diga que “el paisa”, y los otros jefes narcoterroristas, están en lindas veredas admirando las nubes.

¿Puede alguien ignorar que esa fuga se da en un momento clave? En Caquetá las extorsiones a los ganaderos se han disparado. Los dueños de hoteles, los comerciantes, transportistas, lecheros y otros empresarios del departamento también están sufriendo el mismo tratamiento, sin que las autoridades respondan. Más de cien personas han sido asesinadas en otras zonas donde estaban o están las Farc y donde están sus remanentes o cómplices, sin contar con las otras escuadras del narcotráfico mexicano y colombiano que tratan de controlar los territorios.

Más específicamente, las “disidencias” ya cuentan con 1.400 matones, en 60 municipios --según datos de tres Ongs: el Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (CERAC), Fundación Paz y Reconciliación e Ideas para la Paz--. Esas bandas se están concentrando en varios puntos de los departamentos de Caquetá, Putumayo, Cauca, Nariño, Valle del Cauca y Antioquia. Y para hacerlo se están abriendo paso a punta de bala. Seis ex miembros de las FARC fueron abatidos el 15 de octubre en San José de Tapaje, en Nariño. Esa matanza debe ser sumada al centenar de muertes extrañas ocurridas en los meses pasados.  Y está el tema de las dos tractomulas inmovilizadas no lejos de la frontera con Venezuela en donde oficiales del CTI y la Dijin encontraron 1.200 millones de pesos camuflados. 

Las explicaciones dadas hasta ahora por Iván Márquez, quien aparece como el nuevo vocero del “proceso de paz”, no convencen a nadie.  Alejandro Ordoñez Maldonado,  ex procurador general y actual precandidato a la presidencia de Colombia, se pregunta si Darío Velásquez sigue siendo un “comandante” de las Farc o si es un disidente, un gestor de paz o un terrorista. Rafael Guarín, ex viceministro de Defensa, pone en duda que haya una desmovilización de las Farc frente al hecho de que “más de 1.100 hombres del bloque Mono Jojoy se han salido del proceso de paz”. Finalmente, el periodista Herbin Hoyos, presidente de la Federación Colombiana de Víctimas de las Farc, estima que “el paisa”, ardía en deseos de fugarse para ir a “manejar el frente 1 activo de las Farc”. Esos legítimos temores no han quedado superados. En realidad, nadie sabe si “el paisa” regresó al campamento. La foto de Iván Márquez no prueba nada. Algo raro pasa en ese lugar cuando esos actores invitan a la opinión pública a mirar hacia otro lado.

@eduardomackenz1 - 30 de octubre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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